UN PUNTO DE PARTIDA Y EL RECORRIDO QUE NOS LLEVA A aNDAR

Nuestro trabajo en la Educación para el Desarrollo inicia su recorrido en el curso 2015-2016, con el proyecto Mi Escuela, Tu Refugio, donde la llamada “crisis de refugiados” nos impelía a trabajar por la construcción  de una sociedad formada por individuos sensibles al drama que viven otros seres humanos, capaces de ser críticos, rebelarse y actuar ante situaciones de injusticia. Nos preguntamos, en definitiva, cómo debíamos transformar la escuela y nuestro trabajo en ella para convertirnos en seres humanos respetuosos y responsables. La respuesta la buscamos en el arte, como instrumento de empoderamiento y de creación de vínculos emocionales con los demás.

Esta propuesta, que resultó premiada en la VIII edición del Premio Nacional de Educación para el Desarrollo “Vicente Ferrer”, nos acercó a su Red de Educadores y reforzó nuestro compromiso por la transformación social impulsada desde la escuela.

En el curso 2016-2017 emprendíamos el proyecto de innovación educativa Cuentaminándonos, fundamentado en tres supuestos teóricos sobre la naturaleza del aprendizaje:

  1. La cogestión, es decir, miembros del Equipo Educativo y alumnos trabajando juntos y participando por igual en proyectos de aprendizaje.
  2. La idea de que aprendemos fundamentalmente de experiencias que implican relaciones lingüísticas y emocionales con los otros, aprendemos “cuentaminándonos”.
  3. El supuesto de que se aprende haciendo, lo que se traduce, en nuestro caso, en un ejercicio de transformación de la lógica reproductiva, que caracteriza en gran medida la cultura dominante de la escuela actual, por lógicas creativas, que apuesten por la creatividad permanente del alumnado y profesorado como medio para aprender.

Cuentaminándonos era un generador de aprendizajes participativos, basado en lógicas creativas y abierto a la “cuentaminación” lingüística y emocional con los otros. Un espacio para la conciencia, la cultura activa y la solidaridad, entendiendo la escuela como un lugar donde se puede, y se debe, ser feliz.

Esta idea tomaba cuerpo a través de múltiples actuaciones en el marco del proyecto Somos África: un taller de rap y poesía oral; Radio Cuentaminándonos; la revista “Somos África”; cuentacuentos africanos en los colegios; Encuentros en el Bosco, en torno a África; o las exposiciones “Etnias del Sahel”, de Pablo Gutiérrez Barbadillo y “Senegal, relato de una experiencia”, con la que Dioni Segovia García y Rafael Falcón Lahera compartían la experiencia de su viaje con la AECID. Cerrábamos el programa con la celebración, el 25 de mayo, del día de África, en una Jornada Temática con talleres de danza africana, pintura y estampación, vestuario y peinados, juegos e instrumentos musicales, gimkana, festival de música, degustación y comida africana que implicaba a todo el centro.

En el curso 2017-2018 dábamos continuidad a Cuentaminándonos, con la actividad del programa “Bosco, espacio expositivo” y de manera especial con la oferta de talleres vespertinos abiertos a la participación ciudadana: Club de lectura juvenil y de adultos, Cinefórum y un programa de Encuentros en el Bosco: “Escuela y Sociedad ante el reto de la Igualdad de Género”.

En sintonía con todos estos movimientos educativos y probablemente como consecuencia natural de todos ellos, el proyecto aNdar estaba naciendo.


EL PROYECTO EDUCATIVO-COOPERATIVO aNDAR

El proyecto aNdar es una historia de encuentros entrelazados. Como casi todo, desde su nacimiento, es producto del azar y la necesidad y, como casi todo, nació antes de haber comenzado, antes de que fuese imaginado por ninguno de nosotros, en la terraza del Flamingo, a las orillas del río Senegal, en Saint Louis (Ndar), durante un concierto de Souleymane Faye. Allí se produjo el primero de esos encuentros, en concreto, con el percusionista Khadim Niang.

En octubre de 2016, dos profesores del I.E.S. Juan Bosco habían viajado a Senegal como representantes del proyecto “Mi escuela, tu refugio”, galardonado con el Premio Nacional de Educación para el Desarrollo “Vicente Ferrer”. De allí regresaron con un compromiso: contribuir a la financiación de la Ndar Académie Percui> de la ciudad Saint Louis de Senegal, donde enseñan a niñas y niños de la calle percusión y danza africana, además de darles una merienda.

Dando continuidad a líneas de trabajo de proyectos anteriores, y aprovechándonos de la experiencia acumulada en los últimos años, ese mismo curso empezamos a trabajar con el alumnado de PMAR en la creación de un libro-disco cuya venta serviría para financiar la Academia de nuestros amigos senegaleses. La idea era que las alumnas y los alumnos del segundo curso de PMAR escribiesen las letras de canciones a las que se pondría música en Saint Louis. A la par, el alumnado de Educación Plástica, Visual y Audiovisual crearía dibujos a partir de las letras que sirviesen para ilustrar el disco.

Por supuesto, este movimiento se convertía en una nueva oportunidad para situar la educación para el desarrollo y los derechos humanos en un lugar privilegiado en nuestro centro, para mirar al Sur, particularmente a los países del África Occidental, para atender a la periferia, para pensar las relaciones con otras culturas, para visibilizar las nuevas formas de colonización, para tomar consciencia de nuestros prejuicios, por ejemplo en nuestros modos de relacionarnos con negros, pobres, etc.

Después de unos meses de trabajo, la producción del disco había llegado a un punto muerto. Por un lado, nos encontramos con serios problemas para financiar la grabación del disco allí, en Saint Louis, por otro, no teníamos ni la suficiente experiencia ni los conocimientos necesarios como para coordinar y producir el disco desde aquí. Tras unos meses en que el proyecto estuvo seriamente en riesgo de desaparecer, fue en enero de 2018 cuando decidimos replantearnos la idea para generar una experiencia verdaderamente transformadora en nuestra escuela: provocar el encuentro físico con nuestros amigos de la asociación cultural Ngeweul Gui, artistas y responsables de la Academia Ndar. Queríamos que Alioune Sane, Khadim Niang y Massamba Niang vinieran a nuestro instituto para realizar talleres de teatro fórum, percusión y danza africana durante un mes, al tiempo que podríamos grabar el disco. Con este planteamiento dábamos respuesta a una pregunta sobre la naturaleza de la educación que, identificándose con los objetivos de la educación para el desarrollo, nos permitía suscitar mediante la convivencia un aprendizaje significativo en todos nosotros. Se trataba de acoger al otro para convertirlo en nuestro huésped, de abrazar la diferencia, de superar los prejuicios que inducen al racismo, la xenofobia o la aporofobia, de superar los estereotipos sobre África y de aprender a partir de sus valores comunitarios y riqueza cultural.

Nuestra nueva propuesta de trabajo, que podía parecer en principio un tanto utópica, encontraba su principal escollo en la financiación. Una vez descartadas todas las posibilidades de recibir subvención, decidimos seguir adelante desarrollando estrategias de autofinanciación. Si bien esta circunstancia supuso un gran esfuerzo y nos obligó a posponer las fechas que establecimos al principio, también hizo que nuestro proyecto ganara en madurez: la constante exigencia de explicar a nuestro entorno qué hacíamos y por qué lo hacíamos, la búsqueda de colaboradores y la conveniencia de proyectarlo a la ciudad, no sólo reforzaron nuestro compromiso sino que incrementaron nuestro grado de comprensión del proyecto.

El segundo gran reto estaba relacionado con la gestión del proyecto, con nuestro deseo de involucrar al alumnado en el mismo y con la necesidad de resolver todas las dificultades logísticas que se fueron sucediendo. La complejidad de la propuesta nos llevó a la creación de una amplia red de colaboradores que nos permitió avanzar hacia nuestro objetivo y que posibilitó que un proyecto educativo se convirtiera en un proyecto de ciudad.

En el momento de recibir a nuestros amigos, el 15 de octubre de 2018, todo el centro educativo y parte de la ciudad esperaban su llegada. Habíamos conseguido compartir nuestra ilusión en esta experiencia e involucrar al alumnado, profesorado, familias e instituciones. Nuestra escuela se había transformado para celebrar el encuentro y el salón de actos se llenaba de canciones y música africanas, de sonrisas, vítores y ovaciones. Dábamos comienzo así a los dos talleres que pudimos programar, el de Percusión Africana y el de Teatro Fórum (una de las expresiones teatrales de la tradición del Teatro del Oprimido), que contaron con la participación de múltiples asignaturas y se destinaron a todos los niveles de ESO, Bachillerato y algunos grupos de Formación Profesional. Durante un mes nuestros estudiantes trabajaron dinámicas que ponían el acento en la creación colectiva y desarrollaban la responsabilidad del individuo como parte del grupo. A través de la música habíamos compartido la riqueza de la percusión senegalesa; a través del teatro, la creación de vínculos emocionales que tenían que ver con el modo en el que experimentamos el cuerpo, nos tocamos, nos abrazamos y nos abrimos en relación a los otros. Habíamos creado un espacio en el que nuestros estudiantes podían expresarse y ser de otra manera.

Aprovechamos la estancia de nuestros colegas senegaleses para programar la grabación del disco junto con músicos locales y alumnado del Bosco. La grabación se realizó en un pequeño estudio de una localidad vecina a Alcázar, Villafranca de los Caballeros, bajo la coordinación general de Khadim Niang.

Una de las actuaciones más entrañables de este proyecto fue la actividad “Te invito a comer”, que nos permitía introducir la reflexión sobre nuestra capacidad para acoger, para convertir al que viene de fuera en nuestro huésped, en el marco escolar. Nuestra versión de la “teranga” senegalesa era una invitación abierta a toda la comunidad educativa a ser hospitalarios y convertirlos en sus huéspedes durante una comida. A nivel organizativo, la atención a nuestros invitados también recogía la planificación de actividades turísticas y de convivencia en el tiempo libre, varias de las cuales implicaron a parte del profesorado, algunas familias, y a la comunidad senegalesa residente en Alcázar de San Juan, que también nos ha ayudado con la traducción del wolof.

El impacto que este proyecto ha tenido fuera de la escuela, en nuestro entorno cercano, es uno de sus aspectos más destacados. Además de los espectáculos organizados para reunir fondos, el concierto “África en nuestro pecho” tuvo una muy buena acogida en la localidad. Además, organizamos dos talleres de teatro fórum y percusión africana destinados al público adulto. También realizamos colaboraciones con la Escuela Municipal de Música e hicimos partícipes de esta experiencia a otros dos institutos de secundaria que nos lo solicitaron. El Cine Solidario también se sumaba a nuestro deseo de contribuir a la financiación de la Ndar Académie Percu, incluyendo su proyecto como beneficiario de las XXIII Jornadas. La difusión de esta actividad ayudó a despertar un interés por Senegal, a difundir la problemática de los niños “talibés” y a dar a conocer este proyecto para el desarrollo comunitario de la asociación “Ngeweul Gui” .

El día 8 de noviembre, despedíamos a Alioune, Khadim y Mass en un acto final en el que el escenario se llenó de estudiantes que, visiblemente emocionados, se fotografiaban y abrazaban a sus amigos africanos.